Cómo nació
Not a Croissant.
Empezamos probando recetas de medialunas con una intención sencilla: hacer algo que disfrutaran las personas que teníamos cerca. Fuimos probando harinas, ajustando masas y aprendiendo sobre los pliegues y la fermentación. Hubo dudas, errores y muchas pruebas. Poco a poco, hacer medialunas se convirtió en una obsesión y en un proyecto al que queríamos darle forma.
Partimos de doce años de experiencia en gastronomía. Siempre nos había gustado cocinar, pero sobre todo ver la reacción de alguien al probar algo hecho con cariño. Eso es lo que queríamos llevar a este proyecto: que se notaran las manos, el tiempo y el cuidado detrás de cada medialuna.
El nombre llegó con una idea clara: que quien la probara supiera que no era un croissant. Era una medialuna, con su propia identidad. Así fuimos dando forma a Not a Croissant, entre recetas, dudas y nuevas pruebas, con las ganas de compartirla en Nueva York y conseguir que la gente volviera por otra.



